IGLESIA Y SOCIEDAD
Miremos nuestra
sociedad de manera crítica y veremos que la profecía de Jesús de Mateo 24:12 se
cumple velozmente. Las tinieblas y la maldad avanzan sobre ella en todo orden
de cosas mientras la Iglesia guarda una pasividad y un silencio que puede
interpretarse como indolencia o como un enfriamiento generalizado de corazones al ver el sufrimiento de las multitudes desorientadas
como ovejas sin pastor.
La ofensiva de las minorías sexuales contra el matrimonio y la familia tradicionales ha tenido
pleno éxito. Ahora las familias disfuncionales son las que prevalecen. Las
parejas del mismo sexo reclaman su derecho a contraer matrimonio y a adoptar
los hijos que por naturaleza no pueden concebir. Los jóvenes reclaman su
derecho a consumir legalmente las drogas prohibidas. Las mujeres reclaman su
derecho a terminar con embarazos no deseados bajo cualquier pretexto. Los
empresarios reclaman su derecho al lucro, aunque este sea desmedido. Las AFPs e
ISAPRES obtienen ganancias por montos inmorales que aporta sacrificadamente la
gran masa de trabajadores (con y sin corbata). La salud pública es infrahumana
y la privada un lujo que no mas de un 2% de la población puede darse. El
consumismo es la nueva religión (opio del pueblo) que llena las catedrales que
ha levantado el “retail” en forma de “malls”. Estos últimos son los que han
reemplazado a los parques y paseos públicos como forma de entretención para las
familias que acuden en masa y por días enteros a los mega recintos comerciales
climatizados. Las personas viven aisladas del resto en profunda conexión con
sus dispositivos portátiles cada vez más multifuncionales. La TV es la reina
del hogar, es la nana electrónica que forma y entrega los paradigmas valóricos
que debemos seguir para estar acorde con los tiempos de modernidad.
POR HABERSE MULTIPLICADO LA MALDAD
Experimentamos una
creciente descomposición del tejido social que se manifiesta especialmente en
lo moral, en lo relacional y en lo económico, tres aspectos entre varios otros
no menos importantes.
En lo moral apreciamos
una creciente inclinación a hacer lo que a cada cual bien le parece; la premisa
de adoptar una postura progresista y acorde con los estándares globales
occidentales es lo que impera. Las minorías han logrado imponer sus criterios
de "normalidad" y reconocimiento por parte de las mayorías que a
costa de no ser llamados "retrógrados" y
"ultraconservadores", han claudicado sus postulados, siendo en esto
aplaudidos por los medios y por los líderes de opinión pro liberales y
postmodernistas.
En lo económico, prima
la injusticia social, la desigualdad de oportunidades, la discriminación que hacen
las empresas en el proceso de reclutamiento de personal, el abuso contra los
consumidores y los más desposeídos, el arbitrio de las multinacionales que
determinan sus condiciones a su conveniencia, los consorcios monopólicos y sus prácticas
abusivas, la depredación practicada en contra del medio ambiente y de los
recursos naturales no renovables, las falacias y paradigmas engañosos
establecidos a través de la publicidad y la propaganda, la complicidad
complaciente de las autoridades que no fiscalizan y nada hacen al respecto,
promulgando incluso leyes que favorecen el abuso.
Y en lo relacional y
social, la exacerbación del individualismo y del hedonismo, incentivados
paradojalmente por la hiperconectividad de los equipos electrónicos y tecnológicos
en general. La indolencia y la falta de compromiso de las personas, la carencia
de ideales, especialmente en la juventud, que hacen muy difícil que se repita
una “primavera de París” como la de mayo de 1968. Sólo el tema económico en la
educación logra sacar multitudes a la calle.
Jesús dijo:"Vosotros sois la luz del mundo y la sal de
la tierra", la luz en las tinieblas resplandece y la sal impide o
detiene la corrupción (Mateo 5:13,14).
La iglesia ha abandonado
su condición de reserva moral de la sociedad encerrándose entre cuatro paredes sin querer ver lo que sucede a su alrededor, quizás desilusionada por la
dureza e indiferencia ante sus esfuerzos evangelísticos anacrónicos, que no han entendido
que la sociedad ha cambiado y lo que ayer daba resultado hoy no tiene por qué
seguir funcionando.
LA HISTORIA SE REPITE
En el Antiguo
Testamento, en las tierras de Palestina, la voz de los profetas era la
conciencia social que frenaba los desbordes del pueblo y de los gobernantes
aunque no siempre eran escuchados. Por lo menos había una voz que se levantaba
para denunciar la transgresión y el socavamiento de los principios y estatutos
de Dios. Como todos sabemos, éstos fueron dados para alcanzar una mejor calidad
de vida y una convivencia más armónica entre los hombres. La actuación de estos
profetas, portadores de la voz de Dios, trajo muchas veces grandes y profundos
cambios sociales como lo sucedido en la ciudad-estado de Nínive con el profeta Jonás
(Santa Biblia, Libro de Jonás).
EN CHILE
En los albores de nuestra patria como país soberano, los protestantes entre ellos algunos padres de la Patria, influyeron
en la confección y promulgación de leyes y normas sociales basadas en los principios de Dios, tales como el derecho a la libertad de todos los seres humanos, que prohibió la esclavitud.
En nuestros días, hasta
hace algunos años se podía oír la voz de la iglesia católica, que estuviéramos
o no de acuerdo con ella, establecía lineamientos morales en ciertos temas del
acontecer nacional. Hoy dicha institución ha perdido toda credibilidad y autoridad
a causa de los escándalos y abusos sexuales cometidos por algunos de sus sacerdotes
en contra de menores de edad. Las ideologías postmodernistas han contribuído también a aportar su relativismo basal a cualquier intento por establecer verdades o principios universales y trascendentes. Estamos en un mundo
sobre el que ciernen las tinieblas y no tenemos atisbo de que alguna luz sea encendida de manera de ser vista como una lumbrera en la cima de un monte.
Surge la pregunta
entonces, ¿qué pasa con la iglesia evangélica que no alza su voz?
Los evangélicos
no alzamos la voz porque no tenemos opinión. No estamos acostumbrados a opinar
en temas "del mundo". Y aún más, si tuviésemos algo que decir, no sabríamos cómo, dónde ni a quién dirigirnos. No tenemos manejo de los medios ni
de las estrategias comunicacionales, no somos un referente para la opinión pública.
En suma estamos imposibilitados porque no hemos tenido ni tenemos voz. Esto
principalmente porque nuestros líderes no han considerado de importancia
pronunciarse cuando la ocasión lo ha ameritado. No tenemos voz, y menos aún
autoridad para decir algo. Si el chileno común no
alega ni levanta la voz para reclamar sus derechos, nosotros agregamos a nuestra mentalidad
de chilenos, el ser de segunda clase.
En más de un siglo de
historia en Chile, las iglesias evangélicas del protestantismo histórico, han
puesto sus mejores esfuerzos en organizar sus corporaciones y hacerlas crecer numéricamente.
Algunas han desarrollado su obra social en el mas completo anonimato, como el
Ejército de Salvación, de quien tomó el modelo el padre Hurtado para fundar el
Hogar de Cristo con muchísimo mas reconocimiento y éxito en todo orden de cosas. Existen aislados y
pequeños esfuerzos por trabajar con niños en riesgo o en rehabilitación de
drogadictos y alcohólicos. Es este el sector de la iglesia donde más conciencia
social existe.
Las iglesias
pentecostales por su parte, en una suerte de campeonato en pos del título de
"la iglesia más grande de Chile", se han dedicado a acrecentar su
número de miembros lo más posible, para luego dividirse una y otra vez en
corporaciones antagónicas e irreconciliables. En este sector la obra social
casi no existe, no esta en su ADN.
Y las neopentescostales
han levantado ministerios personales aislados, dirigidos por caudillos que sólo
velan por el estado de sus propias parcelas doctrinales y de sus ministerios
personales. En la mayoría de los casos lo que les quita el sueño es la adquisición de su propio terreno donde levantar, con excelencia, su gran y lustroso templo para "alabanza y gloria" de su propio nombre.
A todo nivel, ninguno
tiene real interés ni relación con el resto del fragmentado cuerpo de Cristo.
No existe unidad ni tampoco fraternidad entre denominaciones ni entre los miles
de iglesias independientes. No hay cuerpo ni tampoco cabeza. Existen
organizaciones y agrupaciones pastorales que compiten entre sí por la
representatividad y se recelan mutuamente unos contra todos los demás. En
algunos esfuerzos aislados, emiten convocatorias al pueblo de Dios en torno a
alguna causa de momento o para hacer oraciones, que logra reunir sólo a cientos de
creyentes en algún lugar público. Cuando sucede esto, no entra en la pauta
noticiosa de ningún medio que no sea exclusivamente evangélico, que lo publica
al día siguiente, como una gran victoria de la iglesia destacando los nombres
de los oradores y denominaciones presentes provocando el celo de los que no adhirieron.
NO TENEMOS VOZ
El poder de
convocatoria de la iglesia evangélica chilena sólo existe dentro de cada denominación
o corporación. Resulta imposible llenar un estadio, por pequeño que éste sea.
Cuando se trata de reunir al Cuerpo de Cristo, se manifiesta claramente la fragmentación
existente entre las corporaciones denominacionales chilenas, dado que si una
organiza un evento, las otras no asisten, e incluso prohíben a sus miembros
concurrir.
Un mayor sentido de
cuerpo existe entre las iglesias independientes quienes, en ocasiones se
coordinan y logran motivar y reunir algunos cientos de creyentes bajo
alguna consigna común.
A esto se suma la enseñanza
que por décadas han impartido los líderes cristianos de las iglesias históricas
de aborrecer "lo mundano". El fruto de esto es el desinterés de los evangélicos
chilenos por participar en política, en cultura, en artes, en medios de comunicación,
en economía, en ciencias y un largo etc.
Lo opuesto sucede con
algunas iglesias independientes y neopentecostales, que incentivan a sus
miembros a ingresar a la educación superior y a participar activamente en todas
las instancias posibles. Esas son escasas excepciones a la regla general.
El panorama es oscuro
para la iglesia a menos que haya cambios profundos en los paradigmas que la
rigen. Tendría que cumplirse lo dicho en Rom. 12:2.
Jesús viene a buscar
una novia para Él, que le ame a Él y que se enamore de Él para compartir con
ella la eternidad. La novia actual es adúltera pues esta enamorada de los
amigos del novio, es decir de los pastores, apóstoles y profetas actuales que
proclaman ser la esperanza para el cristiano, ya que sólo ellos tienen la
facultad de ser oídos por Dios y respondidos por Éste cuando oran y además la
unción que poseen “es superior a la de cualquier creyente”, como si Dios diera
el Espíritu por medida o hiciera acepción de personas. Hace años que la iglesia
no crece pues los cristianos migran de iglesia en iglesia en pos de la última manifestación, supuestamente, del Espíritu que hace "llover oro" o alguna otra
curiosidad.
DISCÍPULOS DE CRISTO
La iglesia actual está
poblada de niños espirituales que necesitan ser alimentados con mamaderas de
leche y que se les cambien los pañales sucios. A eso los han acostumbrado sus
pastores y para ellos esto resulta sumamente cómodo. Personas así no tienen
opinión de nada ni tampoco autoridad para decir y hacer lo que Dios espera de
ellos. Son niños que no han sido formados discípulos de Cristo ni tampoco han
sido capacitados para la obra del ministerio (Ef 4:11-12). Creen que el pastor
es el que debe hacerlo todo en el ámbito eclesial y espiritual. ¿En qué difiere
esto de la iglesia católica y sus feligreses? Algunos creen que la consagración
es requerida solo para los que han abrazado el ministerio, como si existiera en
la iglesia de Cristo una casta sacerdotal y una congregación laica que se
desempeña en actividades seculares. En este contexto sólo lo sacro tendría
valor siendo todo lo demás aborrecible, pero un mal necesario.
Cuando la escritura se
refiere al mundo, se trata del orden social, moral, económico y valórico
presente en la sociedad, al sistema u orden mundial imperante, a los paradigmas
por los cuales los que no conocen a Dios se rigen. La Biblia dice que Dios ama
al mundo de tal manera que entregó a su Hijo Unigénito en Juan 3:16. El apóstol
Juan dice en 1ª Juan 2:15 que no amemos al mundo ni nada de lo que hay en él.
Estos textos no se contradicen, solo que debemos entenderlos en el correcto
significado que el Espíritu Santo inspiró a los escritores bíblicos para dejar
registrado.
AMARRES TEMPO-SECULARES
En el año 313, el
emperador Constantino regía sobre el Imperio Romano de Occidente. Le otorgó
libertad de culto a todos sus súbditos, incluidos los cristianos. Constantino
protegió al cristianismo pensando que la religión le ayudaría a unificar su
imperio. Los obispos entonces cedieron en asuntos doctrinales para complacer al
emperador, y a cambio recibieron subsidios y dejaron de pagar impuestos al ser
el cristianismo la "religión oficial del imperio". De esa manera, la
iglesia se convirtió en una poderosa institución religioso-política que le dio
la espalda a Jesús y le abrió los brazos al sincretrismo religioso y al mundo.
Se hizo demasiado inclusiva, adoptando las religiones paganas como
"religiosidad popular", cuyas prácticas eran aceptadas por una
iglesia ambigua que no quería perder sus privilegios ni su popularidad. La
iglesia buscó y encontró un protector, pero al hacerlo se ató a un amo
terrenal.
En nuestro Chile sucedió
algo parecido en los primeros años de la dictadura militar del general Augusto Pinochet.
La iglesia "oficial", católica, apostólica y romana, de la cual él
era y fue participante hasta sus últimos días, se enfrentó a él en el campo de
los derechos humanos. El Cardenal Raúl Silva Henríquez, fundador de la Vicaria
de la Solidaridad, personificó la oposición al atropello masivo de la dignidad
de las personas por parte de los agentes secretos del estado. La dictadura
llego a acusar al cardenal y a los sacerdotes que le apoyaban en esta labor, de
comunistas, marxistas leninistas y "curas rojos". Unos pocos obispos
y curas de derecha y el servicio religioso castrense permanecieron fieles al
general. En este escenario, la dictadura quedaba prácticamente sin techo
"espiritual". Hábilmente, el gobernante de facto, se acercó a la cúpula
evangélica de la época, que se agrupaba en el Consejo de Pastores representando
las principales iglesias pentecostales y confesionales de entonces. Estos líderes
evangélicos, cansados del desigual trato que se les daba frente a los
representantes de la iglesia católica y de ser iglesias de segunda categoría, veían
en este acercamiento la oportunidad de salir del anonimato y estar dentro del círculo
cercano del dictador. Así prestaron a éste cobertura y le alabaron como el “libertador
del país” en cada ocasión en que asistían a actos públicos del gobierno.
Esta transacción le
significó a la cúpula evangélica tener que hacer la vista gorda y guardar
silencio frente a los atropellos, agresiones, secuestros, torturas y asesinatos
cometidos por los agentes represivos de inteligencia del estado. Fueron y han
sido cuarenta años de silencio, en que nunca se ha pedido perdón por esta
tamaña y grosera omisión.
Esta es quizás la época
y el episodio más negro de nuestra historia eclesiástica evangélica. Pinochet
compró el silencio y el apoyo de la cúpula evangélica a cambio de favores
materiales, honra pública y participación en cultos y Tedeums a los asistían
los personeros de la dictadura, Pinochet incluido. Al término de éstos actos, recibían
las bendiciones y parabienes aduladores de estos serviles pastores cegados por
sus desmedidos egos y ambiciones personales.
Más tarde y ya en
democracia, fueron reemplazados en la lucha por el poder y la figuración pública,
por la Mesa de Diálogo y luego por el Consejo de Unidades Pastorales de la Región
Metropolitana, CUPREM; organizaciones pro Concertación (alianza de centro
izquierda que gobernó 20 años luego de la dictadura militar). El legado de este
período es una ley de libertad de culto que hasta ahora no ha producido los tan
ansiados frutos para la iglesia chilena. Luego vino la alternancia en el gobierno y vuelta a lo mismo, nada ha cambiado.
La historia demuestra
que es en persecución donde la iglesia se fortalece y crece, logrando alcanzar
y salvar la mayor cantidad de personas para Cristo.
El triste resultado de
todas estas situaciones es que se ha logrado acallar la voz de la iglesia del
Dios vivo para seguir haciendo lo que a cada cual bien le parece (Jueces 21:25). La iglesia sigue durmiendo en
espera de que Dios haga lo que ella debería hacer.
¿Llegara el día en que
la novia de Cristo alce su voz para decir “sí, hay un Dios, y los que no se
ajusten a sus normas deberán atenerse a las consecuencias…”, o deberemos seguir
guardando un complaciente silencio?
SIN VISIÓN EL PUEBLO PERECE
La visión aquí tiene
que ver con los videntes, los profetas, la voz de Dios que imparta la dirección
y actitud correcta al disperso cuerpo de Cristo. La voz del Pastor que conoce a
sus ovejas y que las reúne y agrupa a los líderes que son de Él. Hay líderes evangélicos
que no son de Él. La voz que haga que las coronas sean arrojadas a los pies de
Cristo. Una voz con la fuerza y autoridad de Juan el bautista, que llame al
arrepentimiento y a la verdadera conversión de capitán a paje. Que imponga
cordura y temor de Dios. Sólo así veremos la iglesia que Dios concibió en la
eternidad, aquella cuya gloria postrera será mayor que la primera.
No digo que el mundo
vaya a escuchar, que se convierta y haga caso de la iglesia, pero se echa de
menos una voz disidente en el mundo, que diga las cosas como son. Que llame a lo malo, malo y a lo bueno, bueno.
Kri, kri, kri..... Es demasiado y a la vez abrumador el silencio...
Kri, kri, kri..... Es demasiado y a la vez abrumador el silencio...
Muy buen tema, y que gran verdad, y nadie se atreve a comentar libremente estos temas, espero que sean leidos por muchos y que entiendan de una vez por todas que todos somos uno y que todos remamos para el mismo lado, pero la avaricia y el egoismo, la vanidad y darse la gloria asi mismo les impide ver lo que se debe ver y vivir....cariños hermano Luis Paredes
ResponderBorrarGracias Juanita, me alegra que hayas leido lo que broto de mi corazon en varias tardes languidas de finales de verano, en compañia solo del Señor y de algunos pajaritos que cantaban a mi alrededor mientras pensaba ¿por que nadie dice nada de lo que ha pasado y esta pasando en la iglesia?
BorrarUn abrazo a ti y a tu hermosa familia.
Este artículo muestra de manera muy clara y profunda lo que ocurre con la Iglesia del Señor en nuestros días. Es una verdadera predicación. Pero bueno no me imagino un cambio en la Iglesia sin una Revolución...
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