lunes, 28 de abril de 2014

LOS UNGIDOS

Hechos 4:26

UNGIDO, heb. mashiaj, termino hebreo para referirse al rey escogido por Dios. Después del cautiverio babilónico se uso también para el Sumo Sacerdote.

UNGIDO, gr. Cristo, título descriptivo pero también usado como nombre propio de Jesús. Jesucristo o Cristo Jesús, significa “Salvador ungido” o “Mesías salvador”.

A partir del establecimiento de la Ley Mosaica, se ungía a quienes debían asumir como reyes, sacerdotes y profetas, sólo a ellos se les ungía con aceite como tipo del Espíritu Santo, quien venía ocasionalmente sobre ellos (no moraba en ellos), especialmente cuando ejercían su oficio o servicio (ministerio).

¿No te llama la atención que el gran apóstol Pablo no estaba radicado en ninguna iglesia después que salió de Antioqía? Nunca reclamó como suya alguna congregación aunque hubiera sido fundada por él en alguno de sus viajes misioneros. En la iglesia de Antioquía, de donde salió con Bernabé luego de ser llamados por el Espíritu Santo, dice la escritura que había profetas y maestros, no menciona pastores, evangelistas ni apóstoles.
Apóstol es aquel que es enviado, es decir un misionero como lo fue Pablo; pastor es aquel que cuida el rebaño del Señor, lo protege y lo lleva a buenos pastos, no necesariamente el que "gobierna" la iglesia, generalmente el pastor es también maestro, es decir el que enseña didácticamente las escrituras. Es muy difícil que un apóstol no sea también evangelista, es decir que su motivación no sea alcanzar a los no alcanzados. Finalmente un profeta es alguien que habla de parte de Dios, no necesariamente que prediga el futuro aunque mucho de lo que diga tendrá que ver lo que Dios hará en un futuro cercano o a mediano y largo plazo.

Los ministerios (servicios) que menciona Efesios 4:11 son todos ministros de la Palabra, ya que deben capacitar, preparar, instruir, formar a los santos (la iglesia del Señor) para que ellos (los santos) hagan la obra del ministerio y la edificación del cuerpo de Cristo (Ef 4:12).

Ninguno de ellos, los del ministerio quíntuple, está llamado a gobernar la iglesia ni a ser el líder, menos a ser el ungido o el representante de Cristo, ni tampoco quien ostente la visión y la misión de la iglesia, que por lo demás está más que clara en Mateo 28:18-20. Lo demás son sólo elucubraciones intelectuales que de espiritual poco tienen porque están basadas en estrategias humanas y carnales, que aunque se vistan de santificadas no proceden de lo alto. Con el intelecto solo se logran convencidos, sin raíces movidos por todo viento de doctrinas; con la locura de la predicación (Palabra de Dios) en cambio se logran convertidos al Señor, nacidos de nuevo arraigados en Cristo.

Creo que ésta es la razón para que el apóstol Pablo dirigiera sus cartas pastorales directamente a las congregaciones de Roma, Corinto, Galacia, Éfeso, Filipos, Colosas y Tesalónica. ¿Por qué Pablo no se dirigió al pastor de cada iglesia para que este a su vez entregara su mensaje a la congregación? No que en cada una de esas iglesias no hubiese pastor, o que Pablo estuviese pasando sobre la autoridad de cada pastor local, sino que Pablo conociendo el orden y el principio de autoridad de Dios, entendía que los pastores, apóstoles, profetas, maestros y evangelistas eran parte del cuerpo y no cabezas.

¿ENGAÑO O IGNORANCIA?
Volviendo al asunto de la unción, unos eran los ungidos del A.T., pero los ungidos del Nuevo Pacto en la sangre de Jesucristo, somos TODOS los que hemos sido salvos por su sacrificio y hemos nacido de nuevo. ¿Si la cabeza es ungida no lo es el cuerpo también? Ahora bien, Cristo es la cabeza de la iglesia y ésta es su cuerpo. Si el cuerpo no está ungido, entonces la cabeza tampoco. ¿Puedes creer tu que Jesucristo habiendo sido glorificado por Dios y habiéndole dado un nombre sobre todo nombre, habiendo recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mt 28:18), podría no estar plenamente ungido como así también su cuerpo que es la iglesia? ¿Por qué entonces la iglesia no manifiesta lo que es? ¿Por qué los creyentes no actúan según la gloria y el poder que Dios ha depositado en ellos?
Porque desconocen quiénes son y en qué el Señor los ha transformado al creer en El. Porque no se les ha permitido crecer y desarrollarse a la estatura del varón perfecto que es Cristo. Porque han sido sojuzgados como ovejas inútiles, subyugados por la autoridad manipuladora de un pastor que no ha cumplido su verdadero ministerio; que ha creído que él es el centro del amor de Dios y no la congregación que tiene por encargo cuidar. Que ha creído que él es el importante y no la iglesia de Cristo. Que ha creído que el ministerio ha sido depositado sobre sus hombros y no sobre la iglesia (Ef4:12). Que se ha preparado para predicar cada día más bonito asistiendo a cuanto seminario y simposio apostólico-profético, pero que tiene una iglesia de desnutridos espirituales. Que le ha enseñado a la iglesia que Dios sólo quiere prosperarles y bendecirlos a cambio de que entreguen su dinero al pastor. Que Dios sólo pide obediencia ciega al líder y generosidad hasta que duela como una condición para solucionar todos los problemas del creyente.
La Biblia que yo tengo dice que fuimos creados para gloria y alabanza de Su nombre y no que Dios está preocupado de cada tontera que se me ocurra. Tu tienes que ser siervo de Jesucristo y no Jesús siervo tuyo. Quien debe levantar muertos eres tu y no tu pastor que tiene que enseñarte cómo hacerlo. Tu tienes que ganar almas para Cristo después que tu pastor te haya enseñado como hacerlo. Dios quiere que tu hagas milagros después que tu pastor haya edificado tu fe, la tuya, no la de él. El diablo logró anular la iglesia primitiva cristiana transformándola en católica y manteniéndola bajo los cánones del antiguo testamento (el que lee entienda). Y aplicó la misma estrategia después de la Reforma Luterana, transformando la iglesia de Cristo en evangélica, es decir cambió los curas por los pastores, la misa por el culto y listo.

¿GOBIERNO UNIPERSONAL O DE EQUIPO?
"Por lo tanto, debemos tener mucho cuidado con pretender aplicar en este tiempo el esquema del gobierno unipersonal, basado en personajes del Antiguo Testamento como Moisés, Josué o David. Ellos estaban solos en la dirección y el gobierno, porque eran tipos de Cristo. El modelo para la iglesia es el cuerpo. En ella el único que como individuo es la cabeza, es Cristo. Después de El, solo debemos encontrar cuerpo. El sentido de equipo es, pues, el espíritu que debe gobernar a todos los miembros del cuerpo de Cristo. En la iglesia del Señor no hay lugar para diotrefismo (3a Juan 9)". R. Chacón V. "Una cuestión de amor", p.17-18.

El tema da para mucho más. La invitación es a meditar y a iniciar un sano debate que nos ayude a cambiar lo que hay que cambiar, en respeto, en amor, con altura de miras.
Resulta fácil hacer un llamado a la insurrección y a la anarquía, pero no es la idea ni lo que Dios pretende para la preciosa novia de Cristo. El Espíritu Santo nos ayude a encontrar la forma de cambiar la situación de la iglesia antes de que Dios decida "barrer la casa". Creo que El esta encendiendo una luz primero (Lucas 15:8), y si no entendemos el mensaje, entonces tomará otras medidas para que su palabra se cumpla y la gloria postrera de su casa sea mayor que la primera.


jueves, 10 de abril de 2014

GUERRA ESPIRITUAL Y GUERREROS DE ORACION

Los guerreros de oración tienen su origen en los escritos y enseñanzas de Peter Wagner, profesor de desarrollo eclesiástico del Seminario Teológico Fuller, EEUU, en la década de los 90. Este movimiento parte de la idea que el mundo está controlado por una agencia demoníaca y que existen demonios que ejercen una jurisdicción territorial específica. En esta perspectiva, para que una ciudad, región o país pueda ser evangelizada con éxito, es necesario primero que sea libertada de los respectivos demonios que la controlan. Por lo tanto para los seguidores de este movimiento cobra especial importancia una serie de prácticas que no sólo no son bíblicas, sino tienen su origen en creencias esotéricas y espiritistas, cuyas prácticas son abominación para Dios.

La Biblia arroja muy pocas luces acerca de la naturaleza y características de las creaturas angélicas o demoníacas, salvo referencias de algunos profetas y menciones que hizo el Señor, quien dio instrucciones para exorcizar personas pero no territorios o regiones geográficas.
Ahora bien, el conflicto cósmico entre las fuerzas del bien y del mal es una realidad (Apoc 12:7-18); que nuestro planeta es un campo de batalla y que nosotros como soldados de Cristo debemos presentar batalla contra las fuerzas enemigas (Efe 6:10-20; Stgo 4:7-8 1a Pe 5:8-9). El propio Jesús en su ministerio presento batalla contra el demonio (Mat 4:1-11); expulso demonios de algunas personas (Mat 8:28-34; 9:32-34; 12:22-32; 17:14-21, etc.) y dio a sus discípulos el poder de expulsar demonios en su nombre (Mat 10:8). En todos estos casos el énfasis estaba en la liberación de las personas y nunca hizo referencia alguna a un exorcismo territorial o geográfico (Mt 10:5-15). El énfasis de los guerreros de oración contradice estos y otros conceptos bíblicos fundamentales.

Por la influencia del movimiento pentecostal, que tiende a demonizar todos los males que afectan a la humanidad, se llega a negar la ley de causa y efecto (Gal 6:7).  Esto otorga a las huestes satánicas un poder que no tienen y convierte a Satanás en un antidios, aparentemente con los mismos atributos del Creador, pero dedicados al mal. La Biblia dice que hay un solo Dios y que nadie ni nada se le puede comparar.

Al traspasar la responsabilidad de sus malos actos a un demonio, el ser humano deja de ser moralmente responsable de su propia conducta. Esta es una inclinación que es parte de la naturaleza humana caída; esta actitud estuvo presente ya en Adán al pecar; vea la reacción de Adán al ser confrontado por Dios (Gen 2:9-12).

Por otra parte la teoría de la jurisdicción territorial demoníaca traslada el foco del gran conflicto desde una dimensión espiritual (dominio mental sobre personas) a una dimensión geográfica (dominio territorial) provocando acciones curiosas y hasta exageradas, tanto en la logística como en lo económico dado su alto costo. Un ejemplo de ello es lo realizado hace algunos años por un conocido apóstol, profeta y  evangelista, quien hizo una campaña de recolección de dineros para sobrevolar una vasta zona en avión derramando grandes cantidades de aceite ungido desde la nave en el intento de "abrir los cielos" sobre ese país.

Obviamente ninguna de estas acciones tiene base bíblica. Las iglesias que se dedican a este tipo de guerra, invierten recursos y gran cantidad de tiempo en estas acciones, en vez de ir a los pecadores con el mensaje del evangelio directamente. También se homologan actos que Dios comisiono a su pueblo o a sus profetas con un fin específico, como rodear la ciudad de Jericó para derribar sus muros. Jesús comisiono a sus discípulos para predicar el evangelio y hacer discípulos (Mt 28:28), no para dedicarse a hacer guerra espiritual.

Por último, las oraciones de los guerreros de oración tienden a indicar a Dios lo que El debe hacer exigiéndole de manera imperativa su intervención. El tono arrogante usado en las oraciones se interpreta como una demostración de auténtico poder espiritual. En contraste, las oraciones de Cristo al Padre que se registran en los evangelios son humildes súplicas, aunque El era uno con el Padre (Mt 6:9-13; 11:25 y 26; 26:39, 42; 27:46; Lc 23:34, 46; Jn 11:41 y 42; 12:27 y 28; 17:1-26; y muchos más).

No debemos confundir la oración intercesora a favor de las personas y las naciones (pueblo y etnias) por sus circunstancias para rogar a Dios que obre, con la "guerra espiritual" ya descrita.
Confundir estas dos cosas lleva a perder el foco del magisterio y ministerio salvífico de la iglesia, es decir de la "Gran Comisión".


Basado en un artículo escrito por el Pr. Ranieri Sales, profesor de Teología en UNASP, San Pablo, Brasil.

¿DONDE EMPIEZA Y TERMINA EL A.T. Y COMIENZA EL N.T.?

UN MEJOR PACTO

Rubén Chacón.

Nuestra Biblia se divide en dos grandes secciones: Antiguo y Nuevo Testamento. La palabra “testamento” hace alusión al antiguo y nuevo pacto, respectivamente. Sin embargo, en el Antiguo Testamento encontramos varios pactos: El pacto de Dios con Noé, con Abraham, el pacto de Dios con David, con Salomón, etc. Por lo tanto, es pertinente la pregunta ¿a cuál pacto se refiere el título Antiguo Testamento? Pues bien, el título Antiguo Testamento dice relación con el pacto de Dios con Israel por medio de Moisés. Este pacto se encuentra registrado a partir de Éxodo 19:
“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel” (vs. 5-6).

En rigor entonces, el Antiguo Testamento o Antiguo Pacto no comienza en Génesis 1:1, sino en Éxodo 19. En efecto, aunque el nombre Antiguo Testamento engloba los 39 libros que lo conforman, no obstante, los hombres de las épocas relatadas en el libro de Génesis y hasta el capítulo 18 de Éxodo, no vivieron bajo el antiguo pacto, sino bajo otras condiciones. Por ejemplo, Abraham y sus descendientes vivieron bajo el pacto que Dios concertó con él (Gén. 15:18). Este pacto fue una alianza de fe, no de obras. De hecho, Abraham fue justificado por la fe, al igual que los creyentes del nuevo pacto. Por lo tanto, no sería una herejía afirmar que Abraham pertenece al Nuevo Testamento, aunque su historia está relatada en el Antiguo Testamento.

Ahora bien, el pacto concertado por el Señor con el pueblo de Israel en el monte Sinaí, acapara toda la atención desde el capítulo 19 de Éxodo. Desde allí y por todo el resto del Antiguo Testamento, los hombres están regidos por el pacto de la ley de Moisés, por alrededor de 1500 años hasta Cristo. Desde Éxodo 19 hasta el último libro del Antiguo Testamento, del profeta Malaquías, los israelitas están bajo el marco del antiguo pacto. Este pacto, como vimos en la cita anterior, era un pacto condicional. Si Israel guardaba el pacto, entonces ellos serían el especial tesoro del Señor. Las promesas de Dios estaban condicionadas a la obediencia de los israelitas. Era, pues, un pacto de obras. Por eso en Levítico 18:5 el Señor dice:

“Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová”.
Según esta Escritura, la vida era obtenida como resultado de guardar los mandamientos de Dios. Era todo lo contrario a lo que dirá Pablo en el Nuevo Testamento: La vida eterna es el regalo de Dios en Cristo Jesús (Rom. 6: 23). Por ello, cuando Pablo interpreta el texto de Levítico 18:5 dice que “la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas” (Gál. 3: 12). Pero ¿qué pasaría si Israel no guardaba el pacto? No solo no obtendrían la bendición de Dios, sino, peor aún, quedarían bajo maldición:

“Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén” (Dt. 27:26).

Bueno, aunque Israel prometió tres veces: “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos” (Éx. 19: 8; 24: 3, 7), la historia del pueblo, sin embargo, fue una negación constante y permanente de dicha promesa. La historia de Israel fue una interminable historia de infidelidades a Dios. No habían pasado ni siquiera 40 días desde la celebración del pacto (Éx. 24: 8), cuando Israel ya estaba quebrantándolo: Hicieron un becerro de oro y se pusieron a adorarlo y a hacer fiesta desenfrenadamente. Ya sea que los israelitas vivan bajo los jueces o gobernados por la monarquía, la conducta es la misma. Dos clarísimas, pero terribles síntesis así lo demuestran. La primera de ellas se encuentra en el libro de Jueces 2: 11-21. Allí se da cuenta que la ira de Dios se encendió contra Israel, y dijo: “Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no obedece a mi voz, tampoco yo volveré más a arrojar de delante de ellos a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió” (vs. 20-21).

La segunda síntesis la hallamos en el libro segundo de los Reyes 17: 6-23. Aquí, una vez más se deja constancia del fracaso absoluto de parte de Israel por guardar la ley de Dios. En el v. 15 se dice: “Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas”. Como consecuencia de esta continua desobediencia, Israel (el reino del Norte) primero y posteriormente Judá (el reino del Sur) terminaron siendo llevados cautivos: Por Asiria (722 a.C.) y por Babilonia (586 a.C.), respectivamente.

Dios siempre fue fiel a su pacto; pero no Israel. Por eso, Dios también fue fiel en castigar todo pecado y toda desobediencia. Jamás Dios pasó por alto el pecado y nunca eximió al pueblo de sus consecuencias. Como dice el escritor a los Hebreos: “Toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución” (2: 2). Por esta causa el pueblo de Israel se llenó de sufrimientos y tribulaciones. La historia de Israel en el Antiguo Testamento está llena de desgracias y de tragedias. A falta de obediencia, Israel perdió las bendiciones de Dios y se hizo objeto de las más grandes y terribles maldiciones. Esta historia que no duró un par de siglos, sino alrededor de quince siglos, suscita, no obstante, una pregunta: ¿Qué pasaba con Dios en el intertanto? ¿Qué ocurría en su corazón? ¿Es que acaso nuestro Dios era solo un Dios inflexible, gobernado solamente por una santidad implacable? Para responder a estas interrogantes deberemos acudir al mensaje de los profetas del Antiguo Testamento.

Así, comenzando con el profeta Isaías, descubrimos que en medio de todas las advertencias y anuncios de juicios que hace Dios a su pueblo, Isaías es fiel para descubrirnos también el corazón de Dios. No solo muestra la severidad de Dios, sino también su bondad. Ejemplo de esto último, es el capítulo 49: 14-16:

“Pero Sión dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”.

Dios no puede dejar de castigar a su pueblo; sin embargo, tampoco puede dejar de compadecerse de ellos. Aquí, Dios se compara con una madre. Para ellas no hay hijos malos. Así como en una madre recta seguramente no faltará la disciplina para con sus hijos, tampoco faltará nunca su amor por ellos. En todo caso, dice Dios, existe la remota posibilidad de que una madre pudiera olvidarse de sus hijos para dejar de compadecerse de ellos. Mas yo, agrega el Señor, jamás me olvidaré de ti. Dios siente por su pueblo como una madre, a pesar de su severidad. ¡Qué precioso es nuestro Dios!

Miremos, ahora, al profeta Jeremías:

“Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (31: 3).

Y, luego, en el v. 20, agrega:

“¿Acaso no es Efraín mi hijo amado? ¿Acaso no es mi niño preferido? Cada vez que lo reprendo, vuelvo a acordarme de él. Por él mi corazón se conmueve; por él siento mucha compasión –afirma el Señor”. (NVI).

Israel debió haber corrido la misma suerte que Sodoma y Gomorra. Sin embargo, algo “traicionaba” el corazón de Dios. ¿Qué era? Su compasión. Nuestro Dios también era padre de su pueblo, sentía como siente un papá. Dios es justo y santo, es verdad; pero también es amor y misericordia.
Por último, acudamos al profeta Oseas, en 11: 8-9:

“¿Cómo podría yo entregarte, Efraín? ¿Cómo podría abandonarte, Israel? ¡Yo no podría entregarte como entregué a Adma!
¡Yo no podría abandonarte como a Zeboim!
Dentro de mí, el corazón me da vuelcos, y se me conmueven las entrañas. Pero no daré rienda suelta a mi ira, ni volveré a destruir a Efraín. Porque en medio de ti no está un hombre, sino estoy yo, el Dios santo, y no atacaré la ciudad” (NVI).

Adma y Zeboim fueron dos ciudades que, junto a las ciudades de Sodoma y Gomorra, fueron destruidas completamente por el fuego de Dios. Pero con Efraín, Dios no puede hacerlo. Con Adma y Zeboim, Dios fue justo; con Israel es misericordioso. ¡Aleluya!

Finalmente, en el 14: 4, Dios toma una decisión definitiva:

“Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos”.

Dios finalmente tomó el toro por las astas y anunció la solución definitiva. Según Oseas, Dios nos amaría de pura gracia. Según Jeremías y Ezequiel, Dios haría un nuevo pacto con su pueblo. Un pacto que, según el escritor a los Hebreos, estaría establecido sobre mejores promesas y que no tendría el defecto del antiguo. Jeremías lo profetizó así:

“Por lo cual, éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Heb. 8: 10-12).

¿Por qué este pacto sería la solución definitiva? ¿Qué tiene de distinto con el pacto antiguo? Tiene una diferencia que hace toda la diferencia. ¿Cuál? La condicionalidad ha desaparecido. Con la sola excepción de la fe, el creyente ha quedado eximido de toda obligación. El primer pacto tuvo el defecto que una de las partes, el hombre, jamás pudo cumplir con sus obligaciones. 1500 años fue tiempo suficiente para demostrarlo. La solución sería, pues, que Dios lo hiciese todo. Pues bien, esta es precisamente la buena noticia. En el nuevo pacto, Dios hace el 100%. Él lo hace todo. Por lo demás, solo así el pacto tendría garantía de éxito. En el texto citado de Jeremías no se observan condiciones que el creyente deba cumplir. El creyente no debe hacer, debe creer. El justo por la fe vivirá. Amén.

No obstante, probablemente muchos me preguntarán: ¿qué de los cientos de mandamientos que aparecen en el Nuevo Pacto y que los creyentes deben practicar? ¿Cómo es que los creyentes están eximidos de toda obligación? La respuesta la dará el profeta Ezequiel. Él anunció el nuevo pacto en los siguientes términos:

“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (36: 27).


¡Claro que el creyente debe guardar los mandamientos de Dios! Pero ello, es obra de Dios; no nuestra. Él hará que andemos en sus estatutos. Él hará que los pongamos por obra. ¿Cómo lo hará? Por medio de su Espíritu que hizo morar en nosotros. ¡Aleluya! La justificación es obra de Él y la santificación también es obra de Él. Así mismo lo será la glorificación. La diferencia con el antiguo pacto no estaba, entonces, tanto en el qué, sino en el cómo. Y esto hace toda la diferencia.