GUERRA ESPIRITUAL Y
GUERREROS DE ORACION
Los guerreros de oración tienen su origen en los escritos y enseñanzas
de Peter Wagner, profesor de desarrollo eclesiástico del Seminario Teológico
Fuller, EEUU, en la década de los 90. Este movimiento parte de la idea que el
mundo está controlado por una agencia demoníaca y que existen demonios que
ejercen una jurisdicción territorial específica. En esta perspectiva, para que
una ciudad, región o país pueda ser evangelizada con éxito, es necesario
primero que sea libertada de los respectivos demonios que la controlan. Por lo
tanto para los seguidores de este movimiento cobra especial importancia una
serie de prácticas que no sólo no son bíblicas, sino tienen su origen en creencias
esotéricas y espiritistas, cuyas prácticas son abominación para Dios.
La Biblia arroja muy pocas luces acerca de la naturaleza y características
de las creaturas angélicas o demoníacas, salvo referencias de algunos profetas
y menciones que hizo el Señor, quien dio instrucciones para exorcizar personas
pero no territorios o regiones geográficas.
Ahora bien, el conflicto cósmico entre las fuerzas del bien y del mal
es una realidad (Apoc 12:7-18); que nuestro planeta es un campo de batalla y
que nosotros como soldados de Cristo debemos presentar batalla contra las
fuerzas enemigas (Efe 6:10-20; Stgo 4:7-8 1a Pe 5:8-9). El propio Jesús en su
ministerio presento batalla contra el demonio (Mat 4:1-11); expulso demonios de
algunas personas (Mat 8:28-34; 9:32-34; 12:22-32; 17:14-21, etc.) y dio a sus discípulos
el poder de expulsar demonios en su nombre (Mat 10:8). En todos estos casos el énfasis
estaba en la liberación de las personas y nunca hizo referencia alguna a un
exorcismo territorial o geográfico (Mt 10:5-15). El énfasis de los guerreros de
oración contradice estos y otros conceptos bíblicos fundamentales.
Por la influencia del movimiento pentecostal, que tiende a demonizar
todos los males que afectan a la humanidad, se llega a negar la ley de causa y
efecto (Gal 6:7). Esto otorga a las
huestes satánicas un poder que no tienen y convierte a Satanás en un antidios,
aparentemente con los mismos atributos del Creador, pero dedicados al mal. La
Biblia dice que hay un solo Dios y que nadie ni nada se le puede comparar.
Al traspasar la responsabilidad de sus malos actos a un demonio, el ser
humano deja de ser moralmente responsable de su propia conducta. Esta es una inclinación
que es parte de la naturaleza humana caída; esta actitud estuvo presente ya en Adán
al pecar; vea la reacción de Adán al ser confrontado por Dios (Gen 2:9-12).
Por otra parte la teoría de la jurisdicción territorial demoníaca
traslada el foco del gran conflicto desde una dimensión espiritual (dominio
mental sobre personas) a una dimensión geográfica (dominio territorial)
provocando acciones curiosas y hasta exageradas, tanto en la logística como en
lo económico dado su alto costo. Un ejemplo de ello es lo realizado hace
algunos años por un conocido apóstol, profeta y
evangelista, quien hizo una campaña de recolección de dineros para
sobrevolar una vasta zona en avión derramando grandes cantidades de aceite
ungido desde la nave en el intento de "abrir los cielos" sobre ese
país.
Obviamente ninguna de estas acciones tiene base bíblica. Las iglesias
que se dedican a este tipo de guerra, invierten recursos y gran cantidad de
tiempo en estas acciones, en vez de ir a los pecadores con el mensaje del
evangelio directamente. También se homologan actos que Dios comisiono a su
pueblo o a sus profetas con un fin específico, como rodear la ciudad de Jericó
para derribar sus muros. Jesús comisiono a sus discípulos para predicar el
evangelio y hacer discípulos (Mt 28:28), no para dedicarse a hacer guerra
espiritual.
Por último, las oraciones de los guerreros de oración tienden a indicar
a Dios lo que El debe hacer exigiéndole de manera imperativa su intervención.
El tono arrogante usado en las oraciones se interpreta como una demostración de
auténtico poder espiritual. En contraste, las oraciones de Cristo al Padre que
se registran en los evangelios son humildes súplicas, aunque El era uno con el
Padre (Mt 6:9-13; 11:25 y 26; 26:39, 42; 27:46; Lc 23:34, 46; Jn 11:41 y 42;
12:27 y 28; 17:1-26; y muchos más).
No debemos confundir la oración intercesora a favor de las personas y
las naciones (pueblo y etnias) por sus circunstancias para rogar a Dios que
obre, con la "guerra espiritual" ya descrita.
Confundir estas dos cosas lleva a perder el foco del magisterio y ministerio
salvífico de la iglesia, es decir de la "Gran Comisión".
Basado en un artículo escrito por el Pr.
Ranieri Sales, profesor de Teología en UNASP, San Pablo, Brasil.
Hermano Luis muy buen artículo y que bueno saber que estás vivo y compartiendo de la sabiduría de Dios. Hace falta mucho de lo que comentas en tu blog el cual sigo cada semana. Me gustaría despertar de mi letargo espiritual y ser un guerrero de oración en el frente de batalla de Dios. Falta la decisión clara y firme. Jesucristo vive!
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